Correa: ahora el que gana, pierde

Sentido Común

Las reformas constitucionales del correísmo son un lado de la moneda. ¿Y el otro? El otro es el correísmo sin Correa. La concentración total de poder que le otorgan las reformas hace más dramática la realidad de un movimiento que nunca tuvo tanto poder como hoy y nunca fue tan vulnerable.

No hay que esperar hasta 2017 para comprobarlo: la crisis económica  ya desnudó la inviabilidad del modelo. Y la factura es de tal magnitud que todo le sirve para disimular: hasta el voto de las reformas constitucionales. No se sabe, en esa circunstancia, cómo llegará Correa a las elecciones de 2017. Es presumible que lejos de ser un motor se convierta en una ancla. Y que quien quiera reemplazarlo en su propio movimiento tenga que distanciarse de él y de algunas de sus políticas.

El correísmo es una máquina que corre tras la concentración de poder, enancada…

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